5 jun 2012

Del Bien, El Mal y Otras Blasfemias [2]

Capítulo 2: "Del Agua, el Fuego y la Podredumbre"



La noche era inexplicablemente fría, las gotas eran finas y penetrantes agujas que se rompían como cristales en las duras y grises superficies de los mausoleos, lapidas y ángeles de mármol blanco ennegrecidos por el moho que los carcomía durante años en aquel olvidado cementerio.

La oscuridad era perfectamente perpetua, pero la luna quebrantaba esa perfección cuando las negras nubes a ratos la desataban de su prisión de finos lazos oscuros. Incluso las almas en pena parecían haber abandonado aquel sombrío lugar.

Una reja de plata quebrada se agitó cuando un manto negro las acarició y pasó con velocidad delante de ellas, los pies a pesar del barro se movían con seguridad como si aquel camino de tumbas estuviese iluminado por una luz blanca.

De repente, la figura se detuvo en un lugar y miró a su alrededor, sus ropas rasgadas se agitaban en el aire como sombras siniestras a su alrededor. Una cigarra cantaba acompañada de la uniforme sinfonía de la lluvia que se hacía más fuerte con cada palabra que el hombre farfullaba.

Un pesado rosario de Cobre macizo colgaba en su pecho, y mientras más fuerte se hacía la confusa voz del hombre, el agua empezaba a evaporarse de la superficie del Cristo que se tornaba rojizo de la incandescencia.

La quemadura era insoportable, pero él solo se limitó a cerrar los ojos y a continuar recitando con más fuerza las palabras que ya eran tan potentes como un millar de tambores de guerra sonando al tiempo.

Cuando extendió los brazos en el punto culminante de su rezo, el Cristo de metal alumbraba en rojo un terreno en aquel cementerio, la luna quedó aprisionada perpetuamente, la cigarra guardó solemne silencio y las gotas de lluvia se hicieron lejanas y sigilosas al caer.

La tierra empezó a estremecerse, el olor a carne podrida invadió el lugar , y una fisura se agrandó en el suelo árido desde donde el Cristo encandecido señalaba. Las voces mas potentes del cielo dedicaron una melodía condenatoria hacía los humanos y el hombre lanzó como un cañón sus ´últimas palabras antes de quemarse por completo.

-Levántate y Anda...¡LAZARUS!

Continuará...

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